Oscar R. Ruiz

(en algún lugar tengo que poner y mostrar lo que escribo. Hasta ahora, no encontré uno mejor que éste)

El blog de Oscar Ruiz

18/6/12

¿ Esto será un Mandala ?


                                                                                                                             -  Mandala 1 -


Miro el reloj y descubro que  las doce del mediodía quedaron cuarenta  minutos  atrás.  Apenas me quedan veinte para almorzar y el ascensor a esta hora está colapsado. No tengo más  remedio que lanzarme por las escaleras hacia la planta baja.  Apurado, compro una manzana en “El Altiplano”, (la verdulería de al lado de la oficina) ,  y con resistencia le entrego al boliviano que me atiende mis últimos cinco mangossueldo. Ante lo evidente de  mi gesto, me dice cómo para qué me sienta mejor: “Acá vendemos  las mejores manzanas de la ciudad”.     
Cruzo la calle. Alcanzo a sentarme en el banco de la placita, (milagrosamente vacío). El sol de agosto me da de lleno en la cara y me reconforta. Ahora sí,  sentado, cómodo y famélico  saco del bolsillo mi manzanalmuerzo,  le doy un tarascón que me permite (en todo un ejemplo de eficiencia)  deglutirme, con un solo bocado, la mitad.  Dispuesto a terminar el asunto,  abro  la boca  hasta que las comisuras me duelen, cuando asoma sobre la media manzana,  primero,   la cabeza de un gusano e inmediatamente después el resto de su cuerpo.  Me lleno de una natural sensación de asco,  instalándose en mi mente la cara del bolivianoverdulero riéndose a más no poder.  Me siento profundamente estafado. Prometo fervorosamente no comprarle nunca más nada, y  además, bien fuerte como para que me escuche del otro lado de la calle le grito a modo de venganza light: ¡Chorro hijo e´puta¡  
Mientras tanto el gusano, totalmente despreocupado y ajeno de mi reacción, se mueve por la media manzana como se mueve cualquier gusano: Acerca el culo al cogote (o como quiera que se llame el extremo trasero y delantero de los gusanos) en un movimiento de repliegue, levantando el lomo como un fuelle con cada contracción. De color verde claro,  ojos rojos,  y repugnante, (no mucho ya que es  chiquito y no tiene pelos).  Apoyado en mi manzana, levanta la cabecita, arruga los pliegues y me mira  (por lo menos, yo creo que me mira), le devuelvo la mirada,  (pero la mía  lleva odio incluido), y como si me entendiera,  le grito: ¡Gusano de mierda!  Al instante doblo hacia dentro mi dedo  índice,  apoyo la uña sobre la yema del pulgar, para formar un círculo y  convertirlo en un gatillo, que disparo con fuerza pegándole  con la uña de lleno en el culo (o como se llame el extremo trasero que tienen los gusanos).  Sale  despedido de la manzana   desafiando la ley de gravedad. Cae al piso. Se  recupera  y sigue su rumbo en la plena ignorancia de que su destino es encontrar alguna otra fruta o perecer de inanición.
            Entretenido con el gusano no lo veo venir  al Túcu y ya lo tengo encima. Nada que pueda hacer.              —¡Tenés la guita!—­­  ­­Me increpa de una, directo como siempre. Alcanzo a balbucear lo primero que se me ocurre  —Eeeeee, siiiii, buenoooo,  ahora no.  Eeeeee,  a la tarde. Hoy  cobro. 
El Túcu,  que  solo  laburó  levantando quiniela,  se traga la mentira a pesar que hoy es veintitrés.  —¡A las cinco estoy acá, y mejor que tengas la guita!
            Se va.  Me quedo con  media manzana mordida y un quilombo entero que  no sé cómo arreglar: Le debo al Túcu mil mangos desde hace más de un  mes, (empecinado en agarrar al veintiocho, que se niega a salir), no tengo un sope, mi crédito está agotado en  todos lados y encima no se me ocurre nada.  
¡Pienso!.Pienso! Vuelvo al laburo .Sigo pensando.  Morales me llama:
—¡Che pendejo! anda al banco, pagaté esto y después archiva las boletas.  ¡Apuráte que te cierra!    
            Me da las boletas de luz y gas de la oficina y la plata. Me rajo de la oficina. En el ascensor rumbo a la planta baja cuento la guita: Setecientos  cincuenta pesos. Miro al cielo  agradeciendo al de arriba  y me la guardo en el bolsillo. 
            A las cinco estoy en la puerta del trabajo. El Túcu ya está sentado en el banco de la placita, esperándome.
            — ¡Trajiste la guita!
            —Tomá, conseguí seiscientos. Achicá la deuda.  En dos días te doy lo que falta—.  Le paso la plata y agrego, dándole otro billete :  —Jugame estos cien al veintiocho a la cabeza.
            El Túcu empieza a juntar bronca. Los  ojos se le inyectan de sangre. Con cara de odio me agarra, me mira fijo y me dice: ¡Gusano de mierda¡. Acto seguido me pega un tremendo  patadón,  que me hace aterrizar despatarrado con toda mi humanidad en el medio de la vereda de la placita.  El Túcu se va llevándose consigo, los setecientos mangos y la raya de mi culo pegado a la punta de su zapato.
            Mientras me hago masajes en la parte dolorida, veo como  le pasa la plata al capitalista. Un gordo que está con dos ursos en un Mercedes, estacionado en la puerta de  la verdulería.  De repente bajan los ursos, lo agarran al Túcu inmovilizándolo.  Se baja el gordo. Cara de odio. Ojos inyectados de sangre, y le dice: ¡Gusano de mierda¡ Ahí nomas le pone al Túcu un tremendo patadón, que lo hace trastabillar, para terminar contra los cajones de naranjas  y manzanas de “El Altiplano”.  Las frutas  por supuesto se desparraman por toda la vereda hacia ambos lados y también hacia la calle, la mayoría son aplastadas por los autos que circulan pero una manzana  llega rodando, intacta hasta el cordón de la vereda donde me encuentro.  Entonces, como si nada hubiese pasado el gusanito verde claro, hace un agujerito  en la manzana metiéndose  en ella, se acerca el bolivianoverdulero, la levanta  y la pone junto con las otras en el cajón para poder vendérsela  al  próximo cliente.

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 [1] [1] La palabra Mandala proviene del sánscrito, y significa Círculo Sagrado. Es un símbolo sagrado de sanación, totalidad, unión, integración, el absoluto. Un Mandala es básicamente un círculo, es la forma perfecta, y por ello representa el símbolo del cosmos y de la eternidad. Representa la creación, el mundo, Dios, el ser humano, la vida. Podríamos decir que todo en nuestra vida posee las formas del círculo. Todos siguen una línea circular. Todo lo que nos rodea tiene la forma de círculo. 

26/12/11

DE VUELTA AL TRABAJO -

El timbre le indicó que lo llamaban a trabajar después de mucho tiempo.  El gordo, a duras penas se levantó del sillón que por meses había soportado su culo apelmazado. En el trayecto hasta la puerta pateó infinidad de botellas vacías de vodka, ceniceros llenos , platos sucios con restos de comida y hasta alguna bombacha abandonada. Hacía meses que no se bañaba y el olor era insoportable. ¡Por lo menos no tengo que afeitarme!, pensó.  Se puso ese ridículo traje rojo  - gorro incluído – y se subió al trineo que lo esperaba en la puerta.

29/10/11

SOBRE "EL ARGENTINO" UN SABADO MAS


La mañana de sábado esta fría  y ventosa -asunto meteorológico extraño, el calendario marca veintidós de Octubre-. Un poco más tarde que de costumbre y algo golpeado, consecuencia de la trasnochada de ayer, muevo  rumbo a  El Argentino.  En algún  momento que no puedo precisar con exactitud -dos o tres meses atrás-  se instalo en mi  una   convicción :  El olor de las viejas mesas de madera  y los tangos que flotan en el aire, me ayudarían  a  recordar vivencias de mi infancia y adolescencia.  
Traspaso la puerta pintada de rojo, ¿amuleto contra la envidia? , y saludando   relojeo  rápidamente el  ambiente.   
Mi mesita mistonga , la de siempre, la que esta pegadita a la vidriera  desde donde veo la cúpula de la capilla de Nuestra Señora del Huerto,   esta mañana está ocupada por un cuarentón  largo,  pinta de gilum aporteñado, vestido apendejadamente,  y a juzgar por el marquerio  de la ropa  que lleva y  el BMW estacionado en la puerta, con billetera  importante .  Se ve desde  lejos que pretende  lucirse  con  La Señorita de Turno, haciendo gala de ser un gran descubridor de tesoros  tangueros escondidos en la Perla de Mar del Plata. La verdad es que desentona un poco con el lugar.  Que le voy a hacer – pienso-  Me jodo por llegar tarde.
En la mesa del recuerdo, hoy ampliada, hay un artista joven –seguramente músico-,  acompañado  por su  hijo o sobrino y  además está sentada también la periodista de espectáculos  del  diario local.   En la otra mesa grande que  da sobre España también hay varios clientes  que no he visto en otras mañanas de sábado. El “Facha” Facundo  hoy no vino a desayunar. Y a pesar del viento, hay dos amigos tomando cerveza en la mesita de la vereda
En la única mesa  libre que puedo conseguir,  el Polaco me canta al oído,  Diego me custodia como un granadero y el tordo Leloir  con el delantal  roto y su pobreza de laboratorio, me da la espalda pensando en vaya a saber qué cosa de los nucleótidos de azúcar.  Le pido a  Agostina -la encargada  de la mañana-, un  café doble apenas cortado con leche fría  y dos medialunas saladas. Me acomodo, desparramo la carpeta  y los papeles sobre la mesa.
El gilum aporteñado,  okupa de mi mesa, sale a buscar algo al BMW. Vuelve enseguida con un paquetito envuelto para regalo que le entrega a La Señorita de Turno, al tiempo que le dice algo al oído, provocando su alegría explicita.
El artista joven empieza a repartir, a pedido, fotos de él. Algunos le  piden que las autografié  y  al darme cuenta, por sus gestos inequívocos, que no tiene lapicera  le acerco  la mía, ya que por ahora no la uso. Agradecido  el  joven me ofrece una foto  firmada,  a modo de trueque, lo cual declino amablemente.  
Me llama la atención que esta mañana  El argentino rebosa  de  movimiento, tanto  que ni puedo escuchar el  tango de fondo que suena bajito  ¿ansiedad o emoción previa a las elecciones?  Quizás, No lo sé.  Tengo la sensación  de que  las voces están más altas que otros sábados,  o ¿seré yo?. Ante lo inevitable  me pongo a mirar los retratos  que, en un desborde de argentinidad  tapan prácticamente  toda la pared principal del bar.   La mezcla  increíble de personas y personajes  poblando  ese pedazo del  bar  es una radiografía casi perfecta de la composición genética del  ser nacional :  Hay de todo y para todos :  desde Actores, Políticos y Ex Presidentes a Combatientes Revolucionarios, Cómicos y Escritores ,  hasta un mapa de las Islas Malvinas  , todos mezclados  compartiendo el mismo lugar y espacio de tiempo .  Antinomias y Acuerdos.  Héroes y Miserables.  Es bastante loco, igual que nosotros y tiene mucha lógica. “igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches”  canta desde la foto Discepolin. 
Levanto la vista para ver por la vidriera que da a la calle Ayacucho, y me choco con mi propia imagen reflejada en el espejo ovalado que está justo enfrente mío y a la altura de mis ojos. Un poco más arriba y a la izquierda del espejo (que, de la manera en que estoy sentado es mi derecha ) está la  foto de Cortázar , fumando un pucho.  Está de perfil hacia su izquierda -como corresponde a Cortázar-  y de espaldas a mi reflejo  “espejado”. La imagen me resulta simpática, me hago la ilusión que mi retrato también esta en la pared de la fama argentina, aunque Cortázar dándome la espalda parece que me dijera “pibe cuanto te falta”…
La voz aguda de Agostina  sobresaliendo sobre las demás, avisando  que a la noche está cerrado por “elecciones” me rescata de mis pensamientos trayéndome.  Dejo pasar el tiempo mansamente esperando  que en el Bar se  vaya calmando el ambiente y los decibeles bajen para poder concentrarme un poco.
            Recuerdo que la noche  anterior estuve aquí mismo , disfrutando de candombes,  canciones de ésta y de la otra orilla, y algunos tangos,(interpretados por  el Pato y el dúo de compañeros de equipo de manera excelente) y entonces descubro que el hecho de estar con una mediatez de a lo sumo  diez horas de diferencia, -entre la noche y la mañana-, en el mismo lugar,  pero tan diferentes uno del otro  me provoca  una  sensación rara.  Es un Deja Vú incompleto, como estar en una película con el   mismo decorado  pero filmada  por dos directores diferentes.  El lugar parece igual  pero no es igual. El director es el mismo, se nota en la mano, pero no es la misma película, ni los actores ni la trama.  Es extraño… la magia de El Argentino parecería que está durmiendo la mona , pero sin dudas aún está presente , reposando en un rincón o detrás de algún retrato, para despertarse cuando cae el sol, igual que –para hacerle honor al dueño- los vampiros.  Hago un ejercicio mental y juego como cuando era chico  a descubrir las  siete diferencias:  Acá van
–La media luz  cálida y confidente en la noche, mérito de las lamparitas amarillas,  deja lugar a la luz del sol  a pleno.
–El calor de la gente, amontonada y con espacios limitados  se libera en un ir y venir de habitués con  puertas y ventanas abiertas al aire fresco de la mañana.  
–El  perfume nocturno de gata en celo y cazador furtivo, se convierte en  olor a  café  y medias lunas calientes.
–La relación 8 a 2 hombre-mujer por la mañana, trueca a la noche en un 4 a 6  chabon-percanta,  para fortuna y alegría de los cazadores nocturnos. 
–El silencio respetuoso hacia los músicos y su arte  de la noche se reemplaza por  el  ruido de diarios al hojear,  chistes , charlas amenas,  y las sillas que se mueven casi permanentemente. 
–De día : El barrio es Barrio,  pero a la noche  es estampa de Tango. 
–La voz grave y radioteatral de Robles sube su escala tonal hasta convertirse en la aguda de Agostina, o viceversa.
           Lo único que permanece igual,  flotando por encima de todo y de todos,  es El Tango; siempre el Tango ,  de día o de noche, excelentemente cantado, tocado, acariciado, sentido, admirado, mimado por hombres y mujeres.   
             Todo esto me lleva indefectiblemente a preguntarme  ¿En qué momento El Argentino se metamorfea y pasa de ser el café  pintoresco, mistongo  y coloquial del barrio La Perla , al  Bar  canyengue y compadrito?  Estoy seguro que es  a esa hora donde el hielo se amalgamó con el whisky, la cerveza se entibió y los gatos negros se fueron a dormir.  Sí , debe ser así  porque  recuerdo un  jueves que, cerca de las cinco de la mañana y en busca de un café salvador, pasé por la puerta y el bar ya estaba cerrado, no había absolutamente nadie en la calle, ni autos estacionados,  las persianas de El Argentino estaba a medio bajar, pero juraría que se veía el reflejo de un velador prendido al fondo, y si se hacia el esfuerzo, pegando muy bien la oreja a la cortina metálica, se escuchaba un tango: de a ratos cantado, de a ratos  silbado, bajito y querendón, también algún ruido de copas al chocar pero nada más.  No le di mucha bola y vencido por el cansancio me fui a prepararme unos mates y a dormir.       
            El aporteñado con  ropa de pendejo, se vá con su mano en la cintura de la señorita de turno, ambos se suben al BMW  y salen  con  rumbo desconocido (por lo menos para mí, seguramente él sabe muy bien adónde va) 
            La mesa del recuerdo empieza a desarmarse, y los muchachos se despiden hasta el sábado que viene.
            Miro el reloj  y ya es bastante más allá del mediodía, el murmullo baja de volumen, y se puede, ahora sí, escuchar clarito el bandoneón  de Pichuco, el bar  empieza a vaciarse un poco porque la gente se va a almorzar.
             Y es lo que también voy a hacer yo .
Oscar Ruiz
10/2011

20/10/11

Retazos de mi infancia : LA ULTIMA FOGARATA DE SAN PEDRO

 
Llego del cole como una tromba y me abalanzo sobre los milanesas con puré que preparó Mamá, no sin antes hacer la parada obligada para lavarme las manos. En el noticiero de la tele están pasando la noticia de un presidente de no sé dónde, que iba al lado de su mujer en un auto sin techo. Le pegaron  tres tiros unos tipos escondidos y lo mataron. Muestran a la gente llorando por la calle. Prefiero los Tres Chiflados que empieza en un ratito
Devoro las milangas para poder ir a la Canchita  a  jugar el picado de todos los mediodías, antes de tener que hacer los deberes.  Ya están sentados en  el  paredón roto  el Tano,  Miguelito y  el Ciego.  
Convierto  el  trío en cuarteto y esperamos  al  Gallego, y no precisamente porque el Gallego sea bueno para jugar  a la pelota. Nó, nada de eso,  lo que pasa es que esta semana a él le toco  llevarse a la casa  la “pulpo” que pudimos comprar con los vueltos “olvidados” de los mandados.  De paso,  si la vieja arpía de Coca nos sigue  secuestrando las pelotas, nos va a fundir, pero esa es otra historia.
La cosa es qué, casi era la una de la tarde y el Gallego no aparecía.
Seguro que algún despelote hizo y la Gallega lo tiene castigado -dijo el Ciego. Qué cagada con las ganas de jugar que tenía.
Sí  y encima hay un solcito bárbaro, -comento Miguelito - , como para no perdérselo, en un rato  nos cagamos  de frio.
Aburrimiento total,  tirábamos piedritas,  pateábamos pastos, hacíamos dibujitos en la tierra, hasta que Miguelito como para llenar el silencio dijo: Ché falta poco para  San Pedro   ¿Qué hacemos?
El  año pasado –dije - hicimos a Bartolo  y estuvo buenísimo.
Bartolo fue un muñeco tipo espantapájaros, armado con diarios, cartones y ropa vieja, le metimos adentro unos  cohetes que pudimos conseguir, y lo prendimos fuego.  Desde que me acuerdo  en el barrio para la fiesta  de San Pedro y San Pablo,  se armaban unas fogaratas bárbaras en la calle, y decían las viejas que se quemaba la yeta y la mala suerte,  además,  y eso era lo mejor, podíamos jugar hasta tarde y al lado del fuego.
¿Cuándo es?  - preguntó el Tano.
- El veintinueve, - dijo Miguelito. Tenemos que conseguir algunas gomas viejas.
- Yo tengo una gomería cerca de casa- dijo El Tano, que vivía cruzando  Colón y aunque en realidad era de otro barrio, se había pegado con  nosotros.
-Eso, mucha gomas, tenemos que hacer una pila inmensa -se prendió el Ciego,  siempre el más quilombero de todos y que también vivía del otro lado de Colón cerca de la casa del Tano.
 Nos miramos los cuatro. No había nada  más que decir y salimos a avisar  al resto de la banda  para juntarnos en el potrero después de tomar la leche.  A Roberto y  El Bataraz les avisaría   Miguelito, que vivía para el lado de sus casas.  A los hermanos Scorcielo   y a  Guillermo -el primo de Buenos Aires de Bibí,  la de la carpintería-, les avisaba yo.   El Tano le avisaba a su primo, El Corcho, y quedaba colgado el Gallego.  Ese trámite se lo encajamos al Ciego.  A esa hora tocar timbre en la casa de los viejos del  Gallego era complicado y teniendo en cuenta que no había venido al potrero a jugar, era casi seguro que la  Gallega estaba encabronada.
Esa misma tarde y en reunión plenaria (aplicando el “pan y queso”) armamos dos grupos  y marcamos  –como hacia el Sargento Saunders, en Combate-  el área  por donde  nos moveríamos para conseguir cubiertas viejas.
El equipo del Tano,  integrado por, obviamente el Tano, el Corcho, el Ciego, Guillermo  y Yo. Nos tocaba caminar un rectángulo marcado por las  calles  Brown, San Juan, Luro y Jara
El otro grupo , liderado por Miguelito se completaba  con  el Gallego, los hermanos Scorcielo , Roberto y  el Bataraz,  tenían la zona delimitada por las calles Falucho – San Juan – Alvarado y Jara
Recorrimos todas las gomerías mangueando cubiertas rotas y viejas: las que conseguíamos las llevamos a la canchita  y las metíamos,  tapadas por los pastos, atrás del arco del fondo.
Todos los días,  desde la hora de la siesta  hasta la hora de la leche, las brigadas iban y venían  haciendo su tarea en forma impecable.  Faltando unos días para el festejo de San Juan, distribuimos los encargos para conseguir los elementos  faltantes: maderas, fósforos, querosene y diarios.  Yo debía encargarme del kerosene, lo cual era muy fácil. La abuela  me mandaba siempre a lo de Márquez a comprarlo para la estufa Fogata de casa, solamente tenía que pasar algunos litros del bidón a las botellas de vidrio y dejarlas en el potrero  escondidas  antes de llegar a la casa de la Abuela, total ni se iban a dar cuenta. El Tano traería los fósforos  porque era el único en esa época que fumaba y los demás los diarios y las maderas.
Se acercaban los días  para San Juan y la cantidad de gomas que conseguíamos  iba en aumento
Habíamos conseguido de todo desde cubiertas de bicicletas, hasta  una goma de camión ¡gigante! Me acuerdo la cara de alegría de Pablito Scorcielo y el Bataraz cuando la largaron rodando por Brown desde las vías del tren hasta el fondo de la canchita.  Al otro día y para no ser menos,  el Corcho  y yo nos  aparecimos con otra.   En realidad la sacamos del  patio de la casa del Corcho, a la hora de la siesta,   creo que era del novio de la hermana  que laburaba de camionero o algo así. La goma estaba nuevita, buenísima para quemar.
No vayan a creer que la cosa  fue fácil de llevar a cabo; hubo algunas peleas. Una fue  para decidir en qué lugar hacíamos la fogarata. Las aguas estaban divididas El Tano, el Ciego y yo queríamos armarla  justito debajo del  foco que estaba en el medio de la intersección, de La Pampa y Brown.  Guillermo, el Bataraz  y los  Scorcielo  dijeron que no, que mejor  era hacer la pila de gomas  enfrente de la entrada de la canchita.  Cada bando tenía sus argumentos de peso.  Nosotros :  Que estaba justo en la bocacalle donde pasaban más autos, que se veía mejor, que si alguna goma se caía de la pila las casas estaban más alejadas y aparte que queríamos ver como se quemaba el foco de la esquina. Ellos: Que la calle era más tranquila para armar el montón,  y  más que nada, que había que laburar menos, ya que el recorrido desde el fondo del potrero era mucho más cortó.
Como no nos poníamos de acuerdo,  votamos, y perdimos. Las gomas  irían justo en la entrada de la canchita, en  la mitad de la calle Brown, recién  asfaltada.
La segunda discusión tuvo que ver con un concepto de ingeniera práctica, o sea, como cornos armar la pila y como la terminábamos. Había opiniones de todo tipo, hasta  que al final triunfo el criterio más lógico. También elegimos terminar la torre de gomas poniéndole  como estandarte un palo de escoba con un trapo atado en la punta,  cual mástil glorioso de navío bucanero de Sandokán.
La tercera  fue para elegir  quién era el afortunado de prender la  pila. Todos queríamos ese honor, pero el  que canto “pri”  fue Guillermo, ventajeándonos, no nos gustó ni medio, peleamos un poco, pero reglas son reglas, y nos la bancamos. Se había ganado el derecho.
El viernes, antes de San Pedro - ¿no sé por qué siempre San Pedro caía en Sábado?, será cosa de los santos nomas-,  hicimos el recuento final para tener un cuadro de situación : Quince cubiertas de bicicletas, Dieciocho de  autos enteras , Veinticinco cubiertas rotas o por mitades y  ¡ Dos  gomas de camión ¡  Total Sesenta gomas. Éxito total y todo un record. Seguro se hablaría por todos los barrios.  Además teníamos dos tirantes de obra que le afanamos al ruso Iván, tres botellas con  kerosene y un montón de diarios del Atlántico y La Capital
Ya estaba todo decidido. Quedamos  en común que el sábado, a las seis de la tarde nos juntábamos en el potrero para armar la pila en la calle: Chau;  Nos vemos;  Chau.  Se fue cada uno para su casa.
A las cinco y media ya  estábamos todos en la canchita y empezamos. Entre cuatro levantamos las gomas de camión  y las llevamos  rodando desde el fondo de  la canchita al medio de la calle Brown, para hacer la base de la pila, como habíamos decidido,  Después le mandamos las cubiertas enteras. La pila empezó a subir en forma considerable. Cuando paso los dos metros y medio  de altura caímos  en la  cuenta  que se nos complicaba  la  construcción. No teníamos fuerza para revolear las gomas hasta arriba. Así que hubo que designar a un trepador para que, mientras nosotros de abajo le alcanzáramos las cubiertas, el que estaba  arriba de la pila las fuera acomodando. Por supuesto que la elección fue sumamente fácil.  Lo mandamos al Tano que era el más mono de todos.  Se trepo con una agilidad envidiable. Nosotros le entramos a mandar gomas y el las acomodo en la punta, haciendo la pila cada vez más alta. La tarde caía y la pila subía
Cuando pusimos la última cubierta de bicicleta y el Tanito colgó el mástil con el palo de escoba,  pegamos el grito de triunfo. La pila de gomas sin encender aun, sobrepasaba los cables de teléfono y de luz, aproximadamente por un  metro, y estaba más o menos a quince centímetros de ellos
Los pocos autos que venían por Brown, se las tenía que ingeniar para pasar, sorteando las gomas, que ocupaba más de medio pavimento.  Miguelito se encargaba de dirigir el tráfico. Nosotros eufóricos, gritábamos  y saltábamos  alrededor  de la pira de gomas como indios sioux en alguna danza de la lluvia de las películas de John Wayne, o  algún ritual funerario vikingo, o un aquelarre.  Y eso que aún no la habíamos encendido.
Las vecinas caras de vinagre salieron a la vereda, motivadas por nuestros gritos, y miraban con asombro la torre de gomas que habíamos construido.
Como si fuera la botadura de un barco, sacudo la primera botella de kerosene sobre las cubiertas. El  ciego le hace “casita” (para protegerlo del viento) al fosforo Ranchera que el  Tano ya había prendido. Guillermo se acerca a los dos con la antorchita de clasificados en alto. Los demás  miramos  ansiosos, cuando,  justo  en ese momento  una motocicleta con un zorro arriba y atrás un patrullero de la cana dobla a todo lo que da por la calle San  Juan hacia nuestra obra.
El desparramo fue impresionante. Salimos rajando todos para todos lados, como hormigas cuando  tiras agua caliente en el hormiguero. Yo corrí para el lado de Alberti por la Pampa  con Guillermo, los demás se desperdigaron para los cuatro puntos cardinales. En veinte  segundos  la pila de gomas quedo desierta, la cajita de fósforos  tirada en el suelo, los diarios revoloteados por el viento, y las viejas vinagre aplaudiendo a la cana y respirando aliviadas
Al ratito nomas cayó un  camión de la Municipalidad  con dos hombres de mameluco azul  y empezaron  a cargar las gomas, hasta las magníficas de camión: la del novio de la hermana del Corcho  también se la llevaron y el Corcho tuvo flor de quilombo,  creo que no apareció por la canchita por un mes por lo menos
Ese  29 de junio de 1968, fue la primera noche  que no hubo fogarata de San Pedro y San Pablo  en el barrio, y  la última para mí.  
Hubiese sido lindo haberla prendido 

OR