Oscar R. Ruiz

(en algún lugar tengo que poner y mostrar lo que escribo. Hasta ahora, no encontré uno mejor que éste)

El blog de Oscar Ruiz

14/2/14

MIS DOCE DIAS EN SILVERVILLE - El segundo día

II. El segundo día: La fundación de Silverville


El segundo día en Silverville me encontró realizando varias caminatas  por el pueblo.  Decidí  por una cuestión de economía de tiempo ― en ese momento  no tenía ni remotamente pensado quedarme un total de doce días en el pueblo ―  recorrer de punta a punta la calle diagonal  que cruza todo el poblado.
Ese día pude constatar que la misma calle ―  como en tantas otras ciudades ― se denomina  de dos maneras diferentes: Desde el extremo Norte hasta la Alcandía se llama Diagonal Mayor, y desde la Alcaldía hasta el extremo Sur del pueblo  el más coherente nombre de Diagonal Única.
Mi paseo me permitió conocer y entablar conversaciones con varios de los lugareños para saber más de sus costumbres y sus creencias, en definitiva como es su vida en este pueblo. 
Una de las conversaciones interesantes que tuve fue  con el matrimonio de  don Rolando  Achával y su señora doña Elsa Contreras, sobre el nombre del pueblo y sus orígenes.
A pesar de lo que a primera vista pueda parecer o creerse,  el nombre del pueblo no deriva de la cultura anglosajona  y ni es algún analogismo de la palabra plata, Pues no. Nada más alejado de la realidad.  Silverville debe su nombre, como tantos pueblos de nuestro país, y seguramente del mundo, al apellido de su fundador  Don Juan Carlos SIlverado Otuño de María, tercer  heredero soltero de la casa de los Bourbon, hijo bastardo pero reconocido fruto de la relación entre  don SIlverado Otuño de María, segundo heredero de la casa de Bourbon con una moza   mulatona  de la ciudad de Santiago, capital de la República de Chile.
Y la relación en cuestión fue con una dama que vivía en la capital de Chile, porque don SIlverado Otuño de María, tercer  heredero soltero de la casa de los Bourbon era de nacionalidad chilena  y en una expedición en busca de tierras para ampliar el poderío económico de su “casa”  se vio obligado a hacer un alto debido a las inclemencias del tiempo, y allí donde se detuvo, en ese preciso lugar fue donde fundó la ciudad.
El hombre en su travesía evidentemente cruzo la cordillera de los Andes y se adentró en suelo argentino, creo yo  qué sin darse cuenta y debido a la carencia de GPS. Salvo que haya sido una avanzada, uno de los tantos intentos, una muestra más  de los intereses colonialistas de nuestro vecinos por adueñarse de nuestra tan amada Patagonia, que tantos hombres y mujeres de bien dio a nuestra patria. Por suerte la cosa de la apropiación no prospero, y el pueblo quedo fundado en suelo Argentino. Se imaginan a Roca persiguiendo y matando aborígenes chilenos. Seguramente hubiera desencadenado  una guerra entre vecinos.
Y teniendo en cuenta entonces que Silverville es un pueblo argentino  fundado por un chileno, descendiente de españoles es razonable que tenga algunas características propias, una impronta y una particular relación de  los pobladores de Silverville con el país andino, vecino al nuestro.   
Todos sus habitantes, a pesar de tener la nacionalidad argentina, se sienten argentinos y dan loas al asado, Maradona y el dulce de leche. Tienen algunas costumbres extranjeras, más específicamente chilenas. A Papa Noel le dicen viejito pascuero por ejemplo  y a sus mujeres en lugar de decirle “La Patrona” como haría cualquier argentino que se precie, le dicen la polola Y si se van de fiesta se van a carretear. Pero bueno, son costumbres nomas.

Dicen los habitantes que don Juan Carlos SIlverado, cuando fundó el pueblo lo primero que hizo fue  marcar el mapa del futuro caserío y levantar su vivienda, la que poco tiempo después sería la Alcaldía. Su primer acto de gobierno después de la fundación fue nombrar a su lugarteniente Don Eusebio R. Etchegaray como Real recaudador de gabelas y contribuciones  y al capitán don  Ruperto G. Moreno. Le otorgo el cargo de Real controlador máximo. También me contaron los lugareños  que en momento don  Juan Carlos SIlverado Otuño de María, tercer  heredero soltero de la casa de los Bourbon dijo su frase más célebre y terrible , la única que  los silvervilleaínos  nunca olvidan, la  frase que los marcó  y que se transmite de generación en generación convirtiéndose casi en un mantra: “Primero me salvo yo. Los demás que se caguen” Quizás por eso, en un gesto inmortalizado en piedra, su estatua en el medio de la diagonal mayor está haciendo el típico corte de mangas. 

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