Oscar R. Ruiz

(en algún lugar tengo que poner y mostrar lo que escribo. Hasta ahora, no encontré uno mejor que éste)

El blog de Oscar Ruiz

30/5/16

Mar del Plata y el día de la marmota

En Julio del 2012 colgué de este mismo blog el relato Gracias al Viento, escrito unos meses antes .  Hoy,  sigue describiendo una realidad de nuestra ciudad, en lugar de ser una historia de ficción, que es lo que debería ser.  Mar del Plata eterna,  atemporal, inmutable, reiterativa, como una mala version de la película "El dia de la marmota"  En la película , al menos Bill Murray generaba todos los dias una pequeña corrección para romper el hechizo maldito de empezar todos los dias el mismo dia. Acá seguimos inundando ranchos, y evacuando gente, año tras año .  

24/7/12


GRACIAS AL VIENTO




 A pesar de los gritos que pego la Matilde, poco, muy poco, es lo que pudo entender Alberto. El sueño pesado por el cansancio y el vino barato,  no dejan mucha alternativa. Muy poco, apenas algunas  frases como ¡Se nos viene el viento! Los chicos Alberto  ¡ Agarrá los chicos! .
 Eso sí, cuando una ráfaga huracanada se les llevó la mitad de la casilla, el frÍo y la lluvia sumado al vozarrón de ella,  fue  suficiente para despabilarlo.
Aunque el viento hubiese sido más débil, el chaperio no hubiera resistido. Estaba agarrado apenas con algunos clavos oxidados,  y los tirantes  podridos no ofrecían ninguna resistencia. Igual que ellos.  Pero esta noche el viento no es más débil, esta noche es más bravo que otras noches, como que no descansa. Se las agarra  con las chapas, las levanta bien alto, las  deja caer y que se doblen todas, sin esfuerzo, jugando. Como qué dejo de ser nuestro  amigo.
En la oscuridad, la Matilde con ordenes cortas , organiza la retirada del rancho. Alberto lo saca en brazos a Jonathan,  la Matilde se carga  a Brian, el más chiquito y a Mati se lo lleva la Julieta.
¡Dale Alberto dale!  — grita la Matilde —  La puta madre, te dije antes de prender el brasero que el viento  iba a hacer desbordar el arroyo.
Tenía razón, más de cuatro  horas de lluvia y viento del sur, hicieron su trabajo.
La porquería de las fábricas y la mierda de las cloacas se mezcla con  la tierra. Puro barro. Resbaloso y difícil para estar en pie. El viento no amaina . Sacude las ramas de los  sauces de una manera que dá miedo.
Los dos  llevan los chicos a un claro lejos del bajo, cerca de la ruta, después vuelven  al rancho a tratar de sacar algunas cosas.  Alberto agarra su bicicleta, dos almohadas y algo de ropa. La Matilde sale con una bolsa con pan y las frazadas. Todo lo demás es ofrenda  para el viento o la correntada.  
En un rato nos juntamos unos cincuenta, iguales, mojados y  asustados, somos como una masa sin rostro ni nombre. Sombras. Sombras surcadas por el viento.  Ese viento que siempre fue  amigo, que se llevaba los olores de la quema, o enfriaba las chapas del rancho en enero. Hasta hoy. Esta noche nos castigó como nunca, desconociéndonos.
Ninguno habla. No hay qué decir.  Esperamos, con los pocos cacharros que rescatamos,  los camiones de Defensa Civil o de la Muni.  Desde acá, podemos ver,  a duras penas,  como el agua entra en el rancherío y saca los colchones al barro. Cuando volvamos  los pongo a secar, me dice Alberto, por ahí si tenemos suerte Servicios Sociales nos dá alguno  nuevo.  El frio  nos pega duro. Mojados peor.
La ciudad  anda con ganas de amanecer. Desde la ruta se ve clarito como se  apagan las luces. Primero,  llega la tele, pero nadie se baja del auto,  hasta que no llegan los funcionarios de la Muni.  Antes de dejarnos subir al camión, eligen al viejo Suarez, a Yesica y los pibes para filmarlos y sacarles fotos para el diario. Todos ellos con capas y botas Pampero, nuevitas. Amarillo rabioso. Los demás, marrón tierra empapada.
Después de esperar un rato,  arrancamos para el Estadio, o algún colegio grande. ¡Que importa dónde vamos si cualquier lugar es mejor que este!  Esta noche Alberto y los suyos van a comer y dormir calientes. Gracias al viento. Y eso no es tan malo  

6/12/15

MAREA NEGRA

La realidad suele ser un estimulo muy poderoso para generar historias. Que en un principio parecen mas exageradas, mas tremendas que la propia realidad.  Pero el tiempo, siempre  se encarga de poner las cosas en su correcta perspectiva .


MAREA  NEGRA  

Los  primeros cuerpos que llegan a las playas son los de los viejos y los chicos. Llegan sobre el fin del verano.  Para ser más específico, los últimos días del mes de agosto.  Flotan.  Seres humanos   de tez negra o cetrina. Provienen de África o de Asia.  Hinchados, putrefactos, con la panza inflada; el cuerpo  mordido  y picoteado por  peces y  aves.  El mar los deposita mansamente en la arena tibia y blanca, para formar una composición  caprichosa  y macabra del taijitu, la forma más  conocida de representar el ying y el yang.
Todos llegan sin ojos.  Los cuencos profundos y vacíos. En ese hueco negro  habita  - para quien sepa leerlo - el horror  de su historia.
Que los primeros en morir fueron los viejos y los chicos  es algo absolutamente lógico; acorde a la evolución de las especies donde solo los más fuertes y capaces  sobreviven.  Aquellos  que  se pueden adaptar al medio, más rápido que los demás. 
Las autoridades sanitarias del municipio, proceden a levantar los cadáveres de la playa y darles sepultura  de acuerdo al rito  musulmán, religión mayoritaria en el país de origen de los muertos.
Después de la llegada  de los viejos y chicos, la marea  deja suavemente sobre la orilla  cuerpos  deformes de  hombres y  mujeres, con  todo el potencial  de su vida frustrado.  Vidas desperdiciadas inútilmente.  Cadáveres que flotan en un mar color negro.
Llegan las embarcaciones. Embarcaciones de todo tipo, precarias  e inestables. Atestadas  de tal manera de gente  que cuesta explicarse que no se hundan.  Se acercan hasta pocos metros de la orilla. Lo suficiente para que la gente desembarque,  tiran algún peso que hace las veces de ancla improvisada y se quedan en el mismo lugar un par de días, luego vuelven a su pais de origen a buscar más pasajeros.
Ante tal avalancha de cuerpos, acude en auxilio el Ministerio de salud, pero ellos también se ven desbordados, a tal punto que dejan de retirar los muertos de la playa. Quedan a merced de las fuerzas de la  naturaleza y las alimañas. El aire en las inmediaciones de la costa mutó el salitre por algo  tórrido y nauseabundo. 

Los recién llegados se instalan en la costa, compartiendo el lugar con los cadáveres de sus compatriotas. Deambulan sin sentido por la arena y las cuevas del lugar sin saber qué hacer. Como zombis, pero vivos,  sin animarse a dejar las playas; organizándose, tratando de sobrevivir como pueden, algo en lo que  ya tienen mucha experiencia.  Se dan cuenta de que pisan un continente donde su población está integrado mayoritariamente por ancianos y los jóvenes están adormecidos por el confort  y la comodidad.  Dejan las playas. Ya son miles.  Impera otra vez la ley más antigua de todas,  la ley de la evolución de las especies donde solo los más fuertes y capaces  sobreviven. 

20/9/15

TRES PUENTES

TRES  PUENTES

Ricardo Urzi empezó a tener la idea de cruzar el tercer puente aproximadamente a la edad  de  veinte  años. Demasiado joven para cruzarlo, le decían todos, ¿para que cruzarlo ahora?, ya llegara el momento. Pero Ricardo no entendía como los demás podían seguir viviendo como si nada, como si el deseo reprimido de atravesar ese puente  y descubrir que había del otro lado no fuera lo suficientemente grande e intenso como para satisfacerlo.  Sus amigos, sus compañeros de trabajo y hasta la que,  en ese momento era su novia no entendían esa urgencia, ese hormigueo, el  exagerado impulso por saber que había al final del puente.  Esa misma curiosidad  que por un lado impulsaba a Ricardo,  al común de la gente de la ciudad le hacía  parecer mucho más alocada la idea.
Porque  los habitantes de Tres Puentes  saben que el tercer puente está allí, que lo pueden cruzar cuando quieran;  no tienen ni  apuro ni curiosidad.
Y los puentes en “Tres Puentes” son imprescindibles. Fundada sobre la parte más larga y menos ancha  de la península, es una ciudad - gracias a  la fuerza de la geografía- por demás angosta.  Rodeada  tanto por derecha como por izquierda de acantilados profundos  que dan a un mar de aguas siempre tumultuosas, oscuras y heladas. Con una montaña en las espaldas del Norte impidiendo el paso, y marcando el límite geográfico con el país vecino,  no hay mucha más alternativa para la ciudad que crecer huyendo hacia el sur, y para eso es necesario sortear los riachos que bajan de la montaña con agua de deshielo y que terminan convirtiéndose en tres ríos para atravesar la ciudad,  de una manera caprichosa, dividiéndola en tres sectores claramente definidos,  a los que los lugareños llamaban barrio, cada uno de ellos separados y conectados por un puente.
Puentes que  - a decir verdad – son bastante diferentes entre sí, a pesar de estar construidos todos con piedra de la zona y poseer un estilo de arquitectura  romana.  
El primer puente es el más corto y ancho de los tres, no tiene pilotes ni barandas y su arco está construido con una dovela de piedra lo suficientemente  larga para cubrir el vano del  rio profundo pero angosto que corre tranquilamente por debajo de él.  Une el barrio más antiguo al que llaman “el primero”  -debido a que fue el barrio fundacional de la ciudad -   con el barrio “del medio”.   
El segundo  puente es más  largo, alto y abovedado que el primero, tiene un pilar en el medio, sobre los cuales están montadas las dovelas que encastran perfectamente entre si, y transmiten toda su carga a los apoyos;  permite ver, parado en uno de los extremos, el otro lado, Tiene  una baranda pequeña, también construida de piedra.   Por debajo de él corre un rio ancho, caudaloso y con muchos rápidos.  
El tercero, el más importante, ubicado en el extremo sur  es  el más largo y ancho de los tres. Con una luz importante en sus arcos, y el punto medio de los mismos muy elevado, no permite alcanzar con la vista el otro extremo.  Está soportado por varios pilotes, los cuales  no se sabe a ciencia cierta  cuantos son, porque la gente de la ciudad lo cruza en contadas ocasiones, no para visitar parientes, hacer viajes de negocios o tomarse unas pequeñas vacaciones, sino para irse de la ciudad buscando otras suertes en algún lugar del país, por eso quienes cruzan, cualesquiera haya sido esa suerte,  no vuelven a Tres puentes,  ,  los lugareños pierden contacto con ellos,  por eso no se sabe  que hay más allá del puente.      
A los treinta  años, a pesar de consolidarse  laboral  y tener un futuro económico promisorio  -había logrado mudarse al barrio del medio, muy cerca del centro cívico  en la parte más importante de la ciudad –la necesidad de Ricardo por cruzar el tercer puente se había acrecentado. Buscaba  permanentemente algún contacto, alguna información de alguien que lo haya cruzado, sin respuesta alguna, hasta por supuesto Intentó un par de veces hacer el cruce, pero no pudo avanzar más allá de un par de pasos sobre el puente. A pesar de su curiosidad, y  hacer todo el esfuerzo de que era capaz,  las piernas se  agarrotaban y se convertían en dos columnas imposibles de mover. Ni siquiera llegaba cerca de la mitad del puente, como para por lo menos alcanzar a ver algo de lo que había en el extremo opuesto. Después de varios fracasos, abandonó  el intento, pero no las ganas.    
Poco antes de cumplir cuarenta  años, Ricardo,  se mudó con su esposa Lila, al barrio nuevo, el último de la ciudad y donde estaba ubicado el tercer puente.  Por un tiempo su curiosidad y necesidad por cruzarlo se calmó. Quizás debido a su reciente y estrenada paternidad: su primer hija  ocupaba todo su tiempo libre y sus expectativas.      
Con el nacimiento de la segunda hija, la sensación se apaciguó para  renovarse cuando nació el tercero.: su primer y único hijo varón.
En el cumpleaños de cincuenta, mientras brindaba rodeado de sus amigos y familiares que le cantaban el feliz cumpleaños, Ricardo pensó que había sobrepasado la mitad de su vida y aun no conocía lo que había del otro lado del puente y el tema volvió a instalarse nuevamente en su cabeza, pero esta vez con más fuerza, para confirmar lo que en su interior siempre sospechó: Que en realidad la inquietud  por saber que había del otro lado del puente,  no desapareció nunca, solo se adormeció en su mente para acurrucarse en su corazón, esperando el momento adecuado de volver a salir. Sintió en ese cumpleaños que estaba ahora tan cerca de poder cruzarlo como nunca antes , solo necesitaba un pequeño empujón de su fuerza de voluntad, para hacerlo.

No fue fácil, ese empujón que Ricardo necesitaba le llevo cuatro años más. Al fin un domingo muy temprano salió a caminar por el barrio, como le había recomendado su médico,  y de alguna manera consiente o inconsciente se encontró  frente al tercer puente. Estuvo de pie unos cuantos minutos mirando alternativamente para adelante y hacia atrás, hasta que decidido puso el pie en la primer piedra del puente y comenzó a caminar, pero esta vez no se detuvo hasta cruzarlo completamente . 

26/6/15

Una pequeña reflexion sobre la Educacion

Creo que la educación no está ni estuvo en los últimos– al menos -  treinta años, en la agenda real de las prioridades nacionales. A pesar de los discursos grandilocuentes,  los presupuestos generosos o no, nuestro país viene en caída flagrante en ese tema,  una caída de la cual ningún gobierno puede hacerse el distraído.  Año tras años nos encaramamos en la búsqueda del primer puesto de los índices catastróficos. Más deserción,  Menos egresados  en relación a los que empiezan el ciclo. Bajos  Índices de comprensión de textos,  permanente migración de  alumnos del sistema público al privado, que sería aun mayor si las condiciones económicas del pueblo argentino  fuesen mejores.  Desinterés de los padres en el proceso de aprendizaje de sus hijos. Y pérdida de respeto hacia los encargados de llevar a cabo ese proceso educativo. Confusión de roles, pérdida de rumbo   y algunos etcétera mas.  A veces creo que el sistema no colapsa por los miles de maestras y maestros que con vocación genuina y sacrificio siguen apostando al futuro de los pibes.  Algunos años, hasta que se cansan, hasta que el agobio los supera, hasta que la frustración laboral  se impone. Y si entendemos por educación además de conocimientos técnicos o académicos,  un conjunto de valores, un patrimonio común de historia, costumbres, tradiciones de un pueblo, bueno, entonces estamos peor.    
La que provoca una verdadera revolución,    generadora genuina de  movilidad social ascendente  mas allá de la económica ,  causante de una mejor  convivencia social  es sin duda la  Educación .Seria una simplificación imperdonable pensar que los gobernantes que nos merecimos soportar en un acto de maldad absoluta y maquiavélica  perpetuidad del status quo político argentino,  privan a la gente de aprender, de educarse de instruirse, de aumentar su capacidad de pensar ,   Seguramente  habrá voces más capacitadas que las mías que dirán que las causas del deterioro  son más profundas y complejas . Esto es apenas una breve exposición de síntomas.  Seguramente no corregiré el problema,  pero lo que sí puedo hacer es votar y promover a los políticos que creo ponen a la educación en un peldaño un poco más alto que otros asuntos que nos aquejan. Importantes , si,  pero no fundamentales.